-JESÚS
NIEVES MONTERO
J777@TELCEL.NET.VE
¿Quién podría describir la Caracas de hoy de manera
integral? ¿Quienes se encuentran aún encerrados en la
atractiva bruma heroica del cuadrilátero histórico, alrededor
de la Plaza Bolívar, quienes encuentran que los enclaves europeos
de La Candelaria y Chacao encierran una ciudad real o quienes piensan
en término de una "gran Caracas" con ciudades satélites
conectadas no sólo por el código de área telefónico
sino también por vías de comunicación terrestre
construidas en tiempos de la bonanza petrolera? Tal vez el problema
es que para explicar Caracas hoy habría que incluirlos a todos
ellos y sumarles a los que se pierden con los ojos nublados de neón
en las vidrieras del Sambil, Boleíta Center, El Recreo, San Ignacio
o C.C.C.T.; los que vagan por Las Mercedes repitiéndose como
mantras que la profusión de Galerías convierte la urbanización
en una especie de So-Ho venezolano, los que adoran las zonas coloniales
de Petare o La Pastora y les asombra cómo Medina acabó
con los burdeles para sustituirlos con la urbanización El Silencio.
Y muchos, muchos más, tantas ciudades como habitantes que las
viven.
Sin embargo, un poeta, alguien cuya sensibilidad le lleva más
allá de las cosas, hacia las esencias, es capaz de emprender
la tarea, ya ha sido hecho. "Caracas física y espiritual"
es el ejemplo.
Enfrentado a las complejidades de la realidad caraqueña hasta
la época (el libro tiene su primera edición en 1967),
Nazoa sorprende porque multiplica los métodos para ampliar su
visión, y la nuestra. Dos ensayos de carácter histórico
(¿historiográfico?)
abren el libro, "Los primeros tiempos de la ciudad" y "Esclavos
y otras cosas". La receta es tradicional, fechas, referencia a
documentos, contraste de opiniones, entre otros para mostrar cómo
de Fajardo a Diego de Losada los fundadores, para imponer la ciudad
tuvieron que, en un esfuerzo premonitoriamente bolivariano, luchar contra
la naturalezaque no sólo era flora y fauna sino también
indígenas dispuestos a conservar su espacio de convivencia-y
hacer que se les rindiera. Luego se interna Nazoa en la minucia curiosa,
anécdota directa o recopilada de testimonios antiguos. Allí
entran los cementerios y las costumbres funerarias, la radio, el alumbrado,
el daguerrotipo, los helados, los vehículos.
Todo es sencillez y una precisión que tiene no la ambición
científica sino el despojamiento con el cual se le enseñan
las cosas a los niños que no buscan grandes respuestas sino información
que apenas cumpla con darle a los objetos de los que sólo saben
el nombre significados y relaciones con otras cosas de su mundo apenas
descubierto.
"Caracas física y espiritual" desentierra avisos clasificados
del siglo XIX, impresiones, fotos y dibujos varios que terminan de redondear
el sueño, de colocar paredes invisibles que no llevan a entender
esta ciudad de hoy pero sí a ver aquello que ha quedado como
pilotes sobre la cual sostenemos ésta; las sombras de gentes,
costumbres, miedos, fiestas que nos acompaña cuando nos pensamos
caraqueños.
Equilibrado entre forma y fondo, Nazoa pasa de las simples enumeraciones
(como la lista de cosas pavosas) a la poesía, crónica,
artículo de costumbres sin mayor sobresalto porque su tono de
abuelo enciclopédico ofrece información cuyo ritmo y profundidad
depende la emoción que le provoca el tema específico.
Es uno de esos libros para leerlo en voz alta porque está hecho
para ser escuchado.
Entonces, no lamentemos no tener todavía a quien pueda, con resultados
tan notables como los de Aquiles Nazoa, hablar sobre Caracas, así,
a lo transversal y longitudinal, seamos optimistas y esperemos. Mientras
tanto revisemos esta "Caracas física y espiritual",
válida referencia para cotejar con la ciudad de cada uno de nosotros,
para fortalecer ese vínculo y recordar que los espacios urbanos,
como el sonido del árbol en medio del bosque, necesitan la percepción,
la emoción, el sentimiento, el espíritu humano para encontrar
un significado. |